Número 26 - Año 4 - Mayo de 2016

21/12/2015

Un logro en equipo.

“Nos preparamos dos años para correr cuatro minutos”

Juan Darío Merlos, ciclista marplatense que ganó la medalla de plata en los Juegos Panamericanos Toronto 2015, comentó su gran esfuerzo para obtenerla. Además, remarcó el trabajo que realizan desde la Fundación Juan Curuchet para revivir el semillero de corredores en Mar del Plata.

foto del periodista

Maxi Czajkowski

¿Es posible estar toda una vida aguardando un momento, un instante soñado? Alcanzar las metas puede costar. Y un ciclista, tranquilamente, posee la potestad de citar la famosa frase del Winston Churchill: “No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Porque el ciclismo no es un deporte fácil, requiere sacrificio y voluntad. Y todas estas virtudes las conoce a la perfección el marplatense Juan Darío Merlos, que heredó la sed de gloria de su padre: Juan Alberto Merlos.

Su papá, “El lechón” Merlos, con décadas guardadas en su mochila, tiene un lugar entre los mejores ciclistas del siglo XX. Un gran curriculum con un palmarés que incluye siete campeonatos argentinos, un campeonato en los Juegos Panamericanos, un subcampeonato del mundo y dos participaciones en los Juegos Olímpicos. Su experiencia nutrió a Darío en el mundo del ciclismo a competir al límite y no tener obstáculos para llegar al objetivo.

Juan, a sus 37 años, obtuvo este año la medalla de plata en los Juegos Panamericanos disputados en Toronto, Canadá. Luego de obtener la presea, se consagró campeón masculino de Persecución Individual. Sin embargo, su carrera no es regular, porque tras lograr buenos resultados de joven, tuvo la posibilidad de ir a los Panamericanos de 1999 pero el entrenador de turno lo dejó afuera “sin darle la oportunidad que merecía”, recordó. Tras esa decepción su vida dio un giro y la bicicleta perdió importancia. Se alejó del ambiente y se radicó en Estados Unidos, no obstante, por esas vueltas del destino, hace varios años atrás en busca de mejorar su calidad de vida se reencontró con su compañera de dos ruedas y quiso volver a competir. No fue una mala decisión.

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Ph Fiorella Mattera.

“La vida de un  ciclista es muy sacrificada, porque tenés demasiada exigencia. No teníamos mucho apoyo, sólo de la Secretaría de Deportes y el ENARD, que estuvieron para poder lograr toda la gira. Y también contamos con el apoyo de la gente de Mar del Plata, en especial la Fundación Juan Curuchet y nuestra familia”, se sinceró el ciclista marplatense.

-¿Cómo viviste esa experiencia deportiva en Toronto?

-Muy intensa, dado que los Juegos Panamericanos son un paso debajo de los Juegos Olímpicos que es la cúspide de todo deportista. Llevó mucho trabajo, concentraciones en Italia, viajes por todo el mundo para llegar a la preparación final para Toronto. El momento de la carrera fue de mucha adrenalina porque nuestra delegación argentina clasificó para competir en cuarteta, que es una prueba que sólo dura cuatro minutos. Nos preparamos dos años para correr cuatro minutos, ahí es cuando se ven los resultados y la verdad.

-¿Y la competencia con otros rivales?

-La competencia en sí en Toronto fue difícil porque cada país anfitrión pone las condiciones del velódromo para favorecer a su equipo; por eso la pista estaba muy fría. Es un velódromo cerrado y le ponen temperaturas muy bajas porque los canadienses están acostumbrados a entrenar en el frío y a nosotros eso no nos benefició. A menores temperaturas, más altos son los tiempos.

La particularidad es que es una prueba de mucha potencia, son sólo cuatro minutos a pesar de que no somos velocistas, somos fondistas. En el área de fondo se corre la persecución, son 4 mil metros que se corren en cuatro minutos. Y la exigencia es total. Físicamente y como equipo estuvimos muy preparados.

-Ahora, ¿cuáles son tus objetivos?

-Siempre trato de apuntar a un objetivo, es mi forma de seguir adelante con la vida, antes de mi vuelta hace unos cinco años atrás, imaginé todo esto que está pasando ahora, correr un Mundial, Copas del Mundo, los Juegos Panamericanos y por qué no los Juegos Olímpicos.

“En los últimos años pudimos acotar la brecha y podemos competir casi a la par con las grandes potencias”.

-¿Cómo es un día en la Selección Argentina de ciclismo?

-No es fácil, este es un deporte muy competitivo. Como diría nuestro técnico “somos todos leones” y ya sabemos que no cualquiera puede sobrevivir entre leones. Y ahí es donde se ve la fuerza de voluntad, la inteligencia y el poder de superación de cada uno. Pero también está la diferencia de edades, hoy somos 7 y solamente pueden correr 4.

-¿En qué nivel de competencia se encuentra Argentina?

-Argentina a nivel mundial está muy lejos. Sin embargo, este último periodo pudimos acotar la brecha y podemos competir casi a la par con las grandes potencias. Nuestro rival directo de siempre es Colombia. Es un país que apoya mucho al deporte y tienen un plan muy importante donde en estos años se ven los resultados.

-A nivel país, ¿carecemos de infraestructura?

-Nuestro nivel de infraestructura a nivel país no es bueno. Tenemos el mejor velódromo que está en Mar del Plata y es descubierto. Muchas veces ciclistas como Juan y Gabriel Curuchet lucharon para tener un velódromo a nivel mundial, uno cerrado y de madera. Es lo que se utiliza pero no se logró, no sé lo que pasó.

“La preparación final para Toronto requirió concentraciones en Italia y viajes por todo el mundo”.

-¿Cómo es ser ciclista en Argentina?

-No es fácil ser ciclista en muchos aspectos. Es un deporte muy caro y Mar del Plata, en algún momento, fue la capital del ciclismo. No nos olvidemos que el campeón olímpico es marplatense, mi viejo fue campeón del mundo. El tema de la esponsorización está muy difícil. No hay mucha ayuda a los deportistas. Nadie quiere arriesgar su bolsillo y, por eso, el ciclismo se fue muriendo de a poco.

-Por eso ustedes con la Fundación Curuchet trabajan en eso…

-Granito de arena con gratino de arena vamos a ir reconstruyendo este deporte. La Fundación Juan Curuchet está trabajando para los deportistas, junto a empresas locales para ayudar económicamente y revivir el semillero de ciclistas en Mar del Plata. Queremos darle una resurrección digna a la disciplina que tanto amamos.

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