Número 26 - Año 4 - Mayo de 2016

30/05/2016

Ayelén Tarabini, recuperación y optimismo /Ph Fiorella Mattera

“Mi cuenta pendiente es subir la dificultad”

Ayelén Tarabini ya afrontó la parte más de difícil de su recuperación. Lejos de mostrarse insegura sobre su futuro, mantiene la calma y proyecta un nuevo ciclo olímpico. Este año realizará la puesta a punto y, consciente de sus virtudes, intentará fortalecer su cuerpo y mejorar su nivel. Su regreso será en 2017.

foto del periodista

Agustín Casa 

A diferencia de lo que a veces se piensa, los clubes no han perdido su importante rol social. En tiempos de Internet y las nuevas tecnologías al servicio de la sociedad, los niños y adolescentes siguen acercándose a los clubes con la sana misión de jugar, interactuar con sus pares y soñar a ser sus ídolos por un rato.

En la cafetería del club Quilmes se percibe parte de eso. El griterío anuncia la presencia de niños jugando. La familia los acompaña mientras bebe alguna infusión o se tienta con algún plato para el almuerzo. El mozo se aventura en la búsqueda de dos cafés cortados. De repente, se escuchan saludos. Van dirigidos a ella. Su aparición altera la improvisada rutina de los niños. Con un exprimido de naranja en su mano, Ayelén Tarabini saluda, toma asiento y se dispone a comenzar la entrevista. Al fondo, unos chicos juegan al bowling. Otros miran a la entrevistada con admiración. Alguna vez fue ella quien tuvo los sueños de esos jóvenes. Inició la práctica de gimnasia en ese mismo lugar hace más de dos décadas, a los tres años de edad. Y hoy, como en tantas oportunidades, el esfuerzo y la dedicación de toda su juventud le han dado su recompensa.

A los 23 años, se encuentra en plena recuperación tras un 2015 con altibajos. El año pasado fue deportivamente hablando la mejor temporada en la carrera de Ayelén Taribini. Obtuvo numerosos podios en fechas de la World Challenge Cup, participó en los Juegos Panamericanos de Toronto y finalizó el año en la primera posición de los rankings de dos modalidades: suelo y viga. Sin embargo, sobre el cierre de la campaña sufrió una dura lesión. En la Copa Mundial de Glasgow (Escocia), Ayelén se rompió el tendón de Aquiles de su pierna derecha. De esa manera, quedó afuera del certamen y se despidió de su gran objetivo: los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

Los mensajes de felicitaciones y los contactos con la prensa por sus grandes actuaciones – incluso fue sorprendida con un recibimiento en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza y con agasajos en su ciudad- mutaron en saludos de aliento y pronta recuperación. Los momentos más duros del proceso de rehabilitación quedaron en el camino. El 2016 será un año de fortalecimiento, alejada de las grandes citas. Recién volverá a competir en 2017. Mientras en sus grandes momentos se mostraba realista y, como en posición de equilibrio, no despegaba los pies de la barra; hoy no pierde la esperanza. Su horizonte se extiende hasta Tokio 2020. Buscará volver de la mejor forma y superarse a sí misma.

Tarabini 1

Ph Fiorella Mattera

“Competir este año sería apurarme a hacer algo que no significa nada en relación a lo que yo apunto. Para volver a competir necesito estar segura y tranquila”.

El Club Quilmes, su segunda casa

-¿Cómo fueron tus inicios en la gimnasia artística?

-Comencé a los tres años gracias a un entrenador de mi hermano, Gonzalo Notario, que es el que me hizo iniciar en este deporte. Yo iba a ver a mis hermanos jugar al fútbol y como él estudiaba con mis entrenadoras y vio que yo tenía mucha energía, me presentó. Así que estoy acá desde el 95.

-El club es tu segunda casa.

-Sí, es mi segunda casa. Aparte ya conozco a todos. Desde los de limpieza hasta los directivos.

-¿Cómo ha sido tu trayectoria en Quilmes? ¿Siempre practicaste gimnasia?

-Siempre gimnasia. Me fue atrapando cada vez más. Al principio me lo tomaba como un juego. A los trece años hice un clic y me lo empecé a tomar de manera más profesional.

-¿Cuándo viste que la gimnasia podía ser más que un juego y pasar a ser tu profesión?

-En el 2006 cuando entré en la selección. Ahí empecé a viajar. Mi primer viaje afuera fue un entrenamiento en Rusia.

-¿En aquel entonces imaginabas poder vivir momentos como los que te han tocado vivir en los últimos años?

-No. Yo cuando era chiquita tenía como meta entrar a élite. De repente, entré en élite, empecé a tener mejores resultados, empecé a viajar y quería más. Y me fue atrapando.

-¿Cuánto han influido las entrenadoras en ese crecimiento?

-Yo empecé con Roxana, la hermana de Marina y Lucía. Después, pasé con Mari mucho tiempo porque Lucía se dedicaba a las chicas grandes, entrenaba un poco más con la selección y demás. La verdad que son dos personas excelentes. Es muy bueno llevarse bien con ellas porque viajás, compartís y entrenás mucho tiempo.

La fuerza del Réquiem

Se escucha un golpe, dos golpes. Suena la música. Mozart dirige la rutina. Al compás de la bella música del maravilloso compositor austríaco, Ayelén comienza con sus movimientos. Absorbe rápidamente toda esa energía del réquiem y la usa para brillar. Su potencia y la fuerza de la melodía se unen de manera armoniosa. Ayelén parece pequeña en ese gran cuadrilátero, pero sabe moverse por toda la pista. Movimientos sutiles, saltos, mortales, diferentes figuras, todo sucede en el breve pero intenso lapso de un minuto y medio.

Rutina de Ayelén en suelo (Eslovenia 2015).

“Cuando me lastimé el Tendón de Aquiles, sentí que me sacaba una mochila de encima. Me saqué mucha presión mía”.

-¿Es estimulante la música a la hora de hacer las rutinas en suelo?

-Sí, es estimulante. Por eso, cada una trata de elegirla porque tenés que hacerla parte tuya para poder sentir cada movimiento o que te dé esa energía y esas ganas de querer hacer las dificultades.

-Vos competís con el Réquiem de Mozart.

-Sí, la elegí porque me gusta. Es fuerte, es como yo me siento y siento que me da más fuerza a la hora de hacer los ejercicios.

-¿En qué modalidad te sentís más cómoda?

-Me siento más cómoda en suelo porque una se explaya y la adrenalina no la tiene que controlar, sino que la tiene que explotar. Entonces, esa fuerza que te genera es más fácil aprovecharla.

-¿Cómo definirías tu estilo propio?

-¿Mis movimientos? Olvidate, soy durísima, soy de madera (se ríe). Me caracterizo más por la potencia y la técnica. Siempre dicen “uh qué alto que salta esta chica” y yo les digo que es normal.

2015: lágrimas de alegría y de dolor

Las crónicas deportivas resaltaron las performances de Ayelen Tarabini a lo largo de 2015. Se trató del año con más competencias para la marplatense. En total tuvo 64 presentaciones, entre todas las fases de cada torneo que disputó. El lado b de ese gran momento es la sobre exigencia.

En ese sentido, Ayelén afrontó varios certámenes con diferentes dolencias físicas, como le ocurrió en la Copa del Mundo de Glasgow, que finalizaría con la mencionada lesión en el Tendón de Aquiles. “Se entrena en equipo, pero se compite individualmente. Muchas veces se compara mal y se exige de más”, reconoce Tarabini.

-¿Qué balance  hacés de tu 2015?

-Había empezado el 2015 muy temprano. Venía con lesiones desde el 2013. Me operé el hombro y tardé 3 o 4 meses en recuperarme. Volví en 2014, me saqué el codo en septiembre/octubre y nunca tuve tiempo. El 2015 lo arranqué con la recuperación del codo hasta ahí nomás. Empecé viajar a Alemania, Doha, Eslovenia, San Pablo. Todo eso me repercutió un poquito más en el pie.

-En ese sentido, ¿fue sorpresivo comenzar el año con buenos resultados?

-Sí, la verdad que fue re sorpresivo. Yo sabía que no iba al máximo. Tenía un poco más de básicos en algunos aparatos. Por el temor, el miedo, la inseguridad de hacer en competencia algún ejercicio o algún impacto fuerte. En Düsseldorf (Alemania) fui la primera gimnasta argentina en entrar en una final en esa copa del mundo y quedé cuarta. Después en Doha (Qatar) pasé a tres finales. En Liubliana (Eslovenia) había entrado en una final y sabía que el nivel había aumentado mucho. Si yo quería esa medalla, necesitaba subir esa dificultad. No venía haciendo mucho porque los empujes requieren del codo y yo tenía dudas. Pero, a último momento, decidí subir la dificultad sin haber entrenado. Me salió y pude subir al podio (bronce).

-Esos primeros resultados ¿fueron una motivación?

-Sí. Igualmente yo siempre fui consciente de que la dificultad que yo estaba haciendo no era mi máximo. Sabía que podía hacer mucha más dificultad. Pero a veces el cuerpo no me dejaba. Es la cuota pendiente que todavía tengo. Sé que puedo hacer más, pero al lastimarme siempre tengo una traba. Igualmente, sé que puedo seguir dando más.

-¿A qué edad creés que podrás alcanzar tu pico de rendimiento?

-No lo sé. Cada uno lo hace hasta donde quiere, hasta donde puede.

-¿Es muy sacrificado dar un paso más y subir la dificultad?

-Sí. En la competencia es mucho más relajado. Te la podés jugar. En cambio, en los entrenamientos es un poco más equivalente. Si yo sé que no estoy bien y doy todo, al otro día no me puedo mover. Hay que regular la cantidad de repeticiones.

-Viviste casi en simultáneo alegrías y tristezas: terminaste número uno del ranking en vigas y suelo y te lesionaste en Glasgow. ¿Cómo fueron esos momentos?

-Sí, por suerte no van de la misma mano el ranking mundial y el mundial. No quiere decir que yo sea la mejor gimnasta del mundo en suelo, sino que logré sumar puntos y eso me ubicó en la primera posición. Fue un golpe bastante duro. Cuando yo me lastimé (el tendón de Aquiles), sentí que me saqué una mochila de encima. Me saqué mucha presión mía. Después de la operación vas cayendo de a poco. Es una sensación rara. Uno da todo, deja todo y de repente se queda sin nada.

Volver a empezar

Tarabini 2

Ph Fiorella Mattera

“Ahora tengo que empezar de cero y me puedo dar el lujo de aprender más ejercicios y subir la dificultad”.

-¿Es un momento para descansar de todo el estrés que genera la alta competencia?

-Es un estrés, pero no es negativo. En el exterior la competencia es muy sana. Eso lo recalco siempre. La gente te desea el bien todo el tiempo. El estrés quizás estaba en la competencia, tener que viajar y cambiar siempre de horarios. No se descansa bien porque se entrena todos los días. Esas cosas son las que generan estrés. Lo demás es compartir, entrenar y disfrutar.

-Después de la operación, ¿cómo ha sido el proceso de recuperación?

-Después de la operación me fui a rehabilitar a Rosario. Sabía que era el mejor lugar para la rehabilitación. Estuve como dos meses y medio o tres y me vine para acá. Fue duro porque no pude caminar los primeros tres meses. No podía apoyar, no podía dormir porque se me cambiaban los horarios. El yeso incomoda. Todo ese tiempo costó muchísimo. Ahora estoy volviendo. Ya puedo hacer varias cosas. Sé que este año está perdido. Apunto mucho al 2020 y también un poco más estratégicamente. Quiero volver y no tener que parar por alguna lesión. Quiero fortalecer todo el cuerpo, ya que tuve muchas lesiones en 2013, 2014 y 2015.

-¿Cambió mucho tu mentalidad al pasar de pensar en Río 2016 a Tokio 2020?

-No sé si cambió mucho. Ahora tengo en cuenta respetar mucho mi cuerpo. Si avisa, lo lamento, se termina acá. No es fácil. Estamos acostumbradas a repetir todo el tiempo, aunque tengamos dolor. Yo ya puedo diferenciar el dolor de cansancio y el de lesión. En ese punto tengo que ser más inteligente.

-En este momento no grato, ¿recordás de buena manera lo hecho en el 2015?

-Estoy bastante tranquila con eso. Sé de lo que soy capaz de hacer. Sé que volver técnicamente no me cuesta. Sé que si mi cuerpo está bien, lo otro sale solo porque hace 21 años que hago gimnasia. Está todo como muy automatizado. Hoy por hoy veo las copas del mundo y me gustaría estar ahí. Pero lamentablemente me toca estar del otro lado.

-Actualmente, ¿qué apoyo recibís?

-Solamente en Mar del Plata. El EMDeR me ayudó muchísimo y también Juan Curuchet desde su fundación. En cuanto al deporte, si no se logran resultados, baja mucho el presupuesto”.

-¿Cuáles son los pasos a seguir de ahora en adelante?

-Ahora estoy tratando de fortalecer todo mi cuerpo para arrancar el 2017 con todo. Mi idea es fortalecer bien todo para que, cuando tenga que arrancar, no me pase lo mismo de siempre. En 2017 solamente habrá torneos de gimnasia. Recién en 2018 van a ser los Juegos Sudamericanos, en 2019 los Juegos Panamericanos y en 2020 los Juegos Olímpicos. Yo apunto un poco más arriba, con más pausa.

Consciente de los tiempos de su recuperación y de sus objetivos en el mediano plazo, Ayelén no pierde la calma: “Competir este año sería apurarme a hacer algo que no significa nada en relación a lo que yo apunto. Es correr el riesgo de lesionarme, de tener inseguridad. Yo creo que para volver a competir necesito estar segura y tranquila”.  Confía en sus condiciones, en sus fortalezas y no le pone fecha de vencimiento a su carrera profesional.

Es contundente. “Quiero entrenar mejor y subir más la dificultad, que es mi cuenta pendiente. Ahora tengo que empezar de cero y me puedo dar el lujo de aprender más ejercicios y subir la dificultad”, concluye Ayelén Tarabini.

Se despide con una sonrisa. Sólo piensa en la paciente puesta a punto de cara al 2017. Su gran anhelo cambió de nombre. Ahora Tokio 2020 es su gran objetivo.

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