Número 26 - Año 4 - Mayo de 2016

28/01/2016

Sobre el tatami, allí transcurre la acción.

“La disciplina es el desencadenante para que el luchador desarrolle sus otras virtudes”

Luchadores, profesores y campeones de Jiu Jitsu, Franco Marini y Laureano Losciale hablan sobre diversos aspectos del deporte que tanto aman: el profesionalismo, las fortalezas y debilidades, la competencia en el exterior, la academia de entrenamiento que fundaron, la actualidad y el futuro de este arte marcial.

foto del periodista

Gastón Luis

Me encuentro con Franco Marini y Laureano Losciale en un gimnasio ubicado sobre la calle Alvarado, casi H. Irigoyen. En ese sitio funciona SOLUM, la escuela de Jiu Jitsu que ambos luchadores inauguraron en el 2011 junto a otros cinco colegas: Daniel Panto, Nicolás Albornoz, Javier Verea, Martín García y Javier Castro.

Franco fue campeón de la Copa Podio, sub campeón en el Mundial de San Pablo (ambos en el 2015) y tres veces campeón argentino. Por su parte, Laureano fue campeón en el mundial de San Pablo (Brasil) en cinto azul (2011), en cinto violeta (2012) y subcampeón en cinto marrón (2014), recibiendo en el 2015 el cinto negro que lo habilita como profesor. Además, ambos han obtenido reconocimientos de diversa índole por sus méritos deportivos.

Para llegar al sitio de entrenamiento subo algunos escalones. Los luchadores me invitan a sacarme el calzado y sentarme con ellos en el acolchonado tatami para estar más cómodos. Acepto la invitación de comenzar la charla en su ámbito natural, el piso.

¿Qué es lo mejor y lo peor de este deporte?

Franco: Es muy difícil poder encontrar una sola cosa buena. Los vínculos personales que podés establecer son mucho más profundos que en otros ámbitos. Es un estilo de vida que llevás. Y lo peor que tiene es cuando te lesionás, no poder entrenar.

Laureano: Lo positivo es lo que el Jiu Jitsu hace en tu vida. Al ser algo por lo que te apasionás, hace que tengás que acomodar el resto de tu vida, te disciplina y te hace estar bien física y mentalmente. Lo peor es cuando pasan dos o tres meses sin entrenar a full por el trabajo u otras cosas y después quiero volver, esa vuelta es dolorosa.

¿Qué tiene que tener un buen peleador?

F: Yo creo que la disciplina es el desencadenante para que el luchador pueda desarrollar sus otras virtudes. Eso te hace llevar rigurosidad, controles en la alimentación y mucho entrenamiento para poder llegar al objetivo.

L: La constancia y la mentalidad es lo que te lleva. Hay que entrenar y ser paciente, es como en una lucha, si te desesperás vas a perder. Existe un equilibrio entre apasionamiento y frustración que hay que saber manejar. Eso es disciplina.

Y ustedes… ¿Tuvieron muchas frustraciones?

L: Yo me frustro todos los días luchando con Franco (risas). Continuamente querés superarte, siempre hay algo que te falta. El tema es cuánto espacio le das a esa frustración en tu cabeza, si son 20 segundos o una semana de estar deprimido.

F: Eso también es parte de las virtudes que te da el Jiu Jitsu, esa lucha con uno mismo. A veces son frustraciones técnicas, otras competitivas. Algunos luchadores son más duros mentalmente y a otros les cuesta más.

En contraposición a esas frustraciones, ¿cuál es el momento de la lucha que más disfrutan?

F: Cuando ganás (risas). Seriamos hipócritas en no decirlo. Es el momento de éxtasis. Y eso te muestra que vas por el camino correcto.

L: Cuando viajás a un torneo y fuiste con todo el equipo, y en general les fue bien, salís con la medalla y en ese momento decís: “misión cumplida”.

“Cuando competimos en Brasil no tenemos nada que perder, porque vamos en la búsqueda de lo difícil”, Franco Marini.


¿Cuándo se dieron cuenta de que podían competir en los grandes torneos?

F: Desde el primer día deseamos eso, siempre estuvo en nosotros. De a poco se fueron dando los resultados y de un día para otro te llega una invitación y es el primer gran paso para continuar.

L: Yo creo que se dio porque justo arrancamos cuando el Jiu Jitsu empezó a crecer mucho en Argentina. Así que el tema de ir a torneos y sentir que podíamos ganar se fue dando por sí solo. Después, el saber que podíamos competir afuera y ganar, eso fue increíble.

Pelear en Brasil, sabiendo que allá están los mejores luchadores, ¿es una motivación extra?

F: Siempre está la rivalidad entre Brasil y Argentina y acá también, pero con muy buena onda desde las dos partes. Las ganas de ganar están, más sabiendo que el deporte es de ellos y los mejores del mundo son ellos. Cuando competimos en Brasil no tenemos nada que perder, porque vamos en la búsqueda de lo difícil.

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Cuando empezaron a competir profesionalmente y a viajar. ¿Con qué barreras se encontraron?
F: Es difícil porque lo económico no te da para dedicarte a pleno. Si pudiéramos dedicar el 100% de nuestro tiempo a esto mejoraríamos mucho más. Ésa es la gran diferencia con Brasil o Estados Unidos, que son las dos grandes potencias. Nos pasa a nosotros e incluso a deportes olímpicos, que no todos tienen el apoyo que se merecerían. Cuando vas a Brasil ves el contraste en cuanto a ese respaldo que reciben los deportistas.

L: El dinero sigue siendo una barrera importante. Tuvimos apoyos pequeños que nos alcanzaban sólo para un viaje a Buenos Aires. Todo el resto nos faltaba, el viaje a Brasil, el hospedaje, las vitaminas, etc. Además al no ser un deporte olímpico todavía, es más complicado. Por suerte Fran se puede dedicar a esto, pero necesitás el apoyo de la familia y  ver cómo te hacés un tiempo.

Más allá de lo económico. ¿Sienten que sus logros son reconocidos?
L: Tuvimos reconocimientos del Estado, de los periodistas. Suele pasar que cuando no va acompañado de lo otro a veces es más difícil de valorar. Pero el reconocimiento sobre todo de la gente cercana, amigos y familia, es lo que te llena.

¿En qué se diferencia el entrenamiento de un luchador profesional al de uno amateur?
F: Creo que se profundiza mucho más la parte física. Uno sabe que los demás están igual o más preparados que uno. Hay que entrenar más, darle ese tiempo que se necesita para igualar las condiciones de los demás. En todos los deportes la parte física tiene cada vez más preponderancia.

L: Básicamente necesitás hacer más turnos, mejorar la alimentación, incorporar más técnicas. Ahí es donde te empieza a cambiar la vida y los tiempos.

Muchos luchadores se acercaron al Jiu Jitsu a partir de la jaula (MMA). ¿Cómo ven ese tipo de combate?

F: El MMA es muy atractivo visualmente. La base fue el Jiu Jitsu y a partir de ahí evolucionó. Es como un ida y vuelta. El MMA le devuelve un poco de lo que el Jiu Jitsu le dio. Cualquier luchador de MMA tiene que saber Jiu Jitsu. Eso ayuda a que la gente se acerque.

L: Todo arranca cuando en los primeros UFC un luchador de Jiu Jitsu le empieza a ganar a todos los demás competidores. En ese entonces cada uno iba con lo que sabía, con su vestimenta, ya sea sumo, boxeo, lo que fuera. Cuando el Jiu Jitsu empieza a definir las peleas, se empieza a profesionalizar y ahí los competidores se dan cuenta de que tienen que saber por lo menos algunas herramientas para ser competitivos en el suelo. Por más que tuvieran el mejor derechazo, si el otro los tiraba al piso, les ganaba.

Y teniendo en cuenta que toda esa gente se fue sumando, ¿cómo ven el nivel actual de los luchadores marplatenses y argentinos en general?

F: En realidad esto evoluciona tan rápido que es muy difícil comparar un año con el anterior, esto crece a pasos agigantados. Nosotros tenemos un montón de chicos con gran futuro. Yo estoy súper contento de que Argentina haya crecido tanto, y de que esto siga evolucionando en todo el mundo.

“El dinero sigue siendo una barrera importante. Tuvimos apoyos pequeños que nos alcanzaban sólo para un viaje a Buenos Aires”, Laureano Losciale.

¿Qué los llevó a fundar su propia escuela de Jiu Jitsu?
L: Después del primer viaje a Brasil vimos un montón de técnicas que se practican en otros lados, y quisimos fundar la academia para perfeccionar nuestro entrenamiento. La familia que se armó en tan poco tiempo es un orgullo para nosotros.

F: Nos juntamos y dijimos vamos a ponerle un nombre. Una cosa llevo a la otra y hoy nos damos cuenta dónde estamos y cómo crecimos. En aquel momento no nos lo hubiésemos imaginado. También fuimos acompañados por el crecimiento del Jiu Jitsu a nivel mundial. Pocas academias en Argentina tienen logros tan importantes como los de SOLUM.

¿Hay algún rasgo especial que distinga a SOLUM de otras academias?
F: Cada sucursal o profesor tiene su manera, pero todo es más o menos parecido, no hay una forma que sea la mejor. Nuestra academia se caracteriza por estar bastante actualizada. Hay otras que son más conservadoras.

L: Hoy la globalización hace que todo se sepa. Un luchador hace algo nuevo en un torneo y a la hora ya está subido a Youtube. Nosotros tenemos la suerte de que Fran es un analista de juego increíble. Él ve las luchas en Internet, las analiza y las lleva a la práctica. Y los chicos de nuestro semillero adaptan sus formas, también buscan cosas, las traen y quieren estar siempre actualizados.

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Franco y Laureano transmiten a sus alumnos los conocimientos que adquirieron a través de las competencias y los viajes.

Con respecto a las enseñanzas que les dan a esos alumnos, ¿qué importancia tiene la parte humana, la interacción entre los integrantes de la academia?

F: Es una academia bastante libre. Hay gente de todo tipo. Nos focalizamos siempre en los aspectos que hay que transmitir, como la disciplina y el apoyo entre compañeros, porque no siempre se va a estar en la cresta de la ola, hay recaídas y para eso está el grupo.

L: Es un grupo de amigos que tiene un gran sentimiento de pertenencia y una libertad para expresarse (siempre con el respeto necesario para entrenar). Hay desde profesionales hasta obreros, chicos de 16 que se integran con otros de 30 y pico. Es una relación muy sana. Hay humildad y deseo de compartir. Nunca pasó que venga alguien nuevo y otro luchador lo pase por arriba para mostrar que sabe más.

F: Hay una competencia sana que es muy positiva. La competencia de querer mejorarnos pero sin llegar a tocar malos valores como ir con mala gana a alguno o con actitudes negativas. Igual eso no pasa porque el grupo expulsa las malas energías.

“Vimos un montón de técnicas que se practican en otros lados y quisimos fundar la academia para perfeccionar nuestro entrenamiento. La familia que se armó en tan poco tiempo es un orgullo para nosotros”, Laureano Losciale.

¿Cómo ven el futuro de la academia?

F: Como academia queremos seguir mejorando el grupo, el espacio para entrenar, las competencias, la organización de los eventos, la gente que se suma.

L: Esto es un proyecto de por vida para nosotros y queremos que siga siéndolo.

¿Y el futuro personal?

F: Yo cumplí muchos sueños impensados. El futuro que quiero es seguir buscando esas cosas, aprovechar las oportunidades, disfrutar al máximo. Todos tenemos presiones, miedos, y la cabeza juega, lo importante es ver de qué manera los enfrentamos para ser mejores. Que el resultado sea el fruto de las competiciones a partir de ese trabajo mental y físico.

L: Yo estoy muy tranquilo, me estoy poniendo viejo (risas). Arranqué con esto a los 28 años, lo que pasó en estos 6 años es un regalo del cielo. De acá en adelante quiero seguir compitiendo y apoyando para que el equipo siga creciendo.

Desde sus experiencias. ¿Cuál es el consejo para los que quieren comenzar o recién inician el camino?

F: Que elijan una academia donde se sientan cómodos y que traten de enfrentar los problemas que tienen y sus debilidades. De a poco uno se va enganchando, va amando el deporte y se vuelve muy difícil dejarlo.

L: Que no hay edad para esto. Además el entrenamiento no tiene por qué ser a matar o morir, cada uno puede tener su nivel y su exigencia. Les diría que lo prueben porque si se llegan a enamorar van a encontrar algo que muy pocas cosas en la vida te lo pueden dar.

Franco y Laureano se ponen de pie. Los saludo pero aún no me despido de ellos.  Algunos de sus alumnos llegan al lugar y se acercan al tatami con curiosidad. Otros se quitan el calzado y comienzan a realizar los ejercicios de calentamiento. La clase está por comenzar.

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