Número 26 - Año 4 - Mayo de 2016

28/01/2016

Bailar, una actividad divertida y saludable.

Cuerpo libre, mente libre

Los gimnasios suelen ser aburridos, las clases aeróbicas tal vez rutinarias y ciertos deportes muy exigentes. Encontrar algo que nos haga mover y nos guste no siempre es tarea sencilla. El baile es una opción más, y quizás de las más completas para moverse y disfrutar.

Por Araceli Achkar

Llega un momento del día en que suena una canción. Cualquiera. En la radio mientras trabajo, en la calle cuando pasa un auto especialmente preparado para musicalizar la ciudad, o simplemente alguna que se me viene a la mente de la mano de un recuerdo fugaz.

Es en ese momento en que unas breves pero intensas descargas eléctricas se apoderan de mis músculos. Primero los pies, luego los hombros y así sucesivamente hasta que me convierto en un ser que no puedo detener. Esencialmente de eso se trata. Bailar es una de las formas más puras de la expresión humana. Conjuga lo auditivo y lo sensorial, para dar como resultado muchas veces una suerte de improvisación creativa que resulta sumamente liberadora.

Las clases de baile son el epicentro donde se funden ciertas energías especiales, pues en ese piso de madera ya gastado de tanto ser pisado, y frente a la pared espejo, cada cual es quien desea ser, sin tapujos ni reparos. Desde que la clase comienza, cada uno debe mirarse a sí mismo y al grupo, cual espectador de una creación conjunta y a su vez crítico constructivo de sí mismo.

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“El baile es una canción del cuerpo. Ya sea de alegría o dolor”. Martha Graham, coreógrafa y bailarina estadounidense, con una influencia determinante en la danza en el siglo XX.

Entre todos

“Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho; un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho…” y así sucesivamente.

La profesora marca el tiempo, y cada movimiento se apega al ritmo de la música. Algo se va creando poco a poco y en conjunto. Es por ello que el baile no es sólo actividad física, es una creación colectiva que al final de la clase permite ver un producto. ¿Será éste un motivo por el que asistir a un ensayo es un pase directo a pasar un gran momento? Los frutos del esfuerzo se ven, se palpan y se festejan. No hay clase que no finalice con un gran aplauso, una descarga de energía y miradas cómplices, que sonríen porque se alcanzó un objetivo en grupo.

En este sentido, el baile, además de ser una gran forma de expresión, es una forma de interacción social. Si bien el ensayo puede quedar en el plano de lo individual, la creación es conjunta, y la relación con el grupo es indispensable para llegar a un fin.

En definitiva, el baile y la danza nacen de la confluencia de ritmo, equilibrio, movimiento y representación gestual, dependiendo del ejercicio colectivo sincronizado para alcanzar la mayor sincronización posible.

Inteligencia cinestésica o corporal

Según el psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, esta inteligencia, que es la habilidad de poder controlar los movimientos de nuestro cuerpo, es la que le permite al bailarín “ver y hacer”. Es decir, transformar una imagen o una orden sonora en determinada acción física.

Cuestión de autoestima

Todos podemos bailar. No importa cómo sea nuestra contextura física, ni cuál sea nuestro género, ni nuestra edad.

Mientras que los niños educan con el baile su memoria, expresión corporal, trabajo en grupo, postura y oído musical, los adolescentes y jóvenes descargan (y cargan) energías, ejercitan el cuerpo y se interrelacionan. Pero para los adultos y ancianos, también esta disciplina resulta muy útil, ya que encuentran en el baile una buena manera de ejercitarse y relacionarse, puesto que el baile favorece su sentido del ritmo y su equilibrio, entre otras cosas.

Bailar es también reforzar la autoestima. Es tomar la decisión de dejar a un lado los complejos propios para ser parte de un grupo y dejarse llevar. La experiencia de aprender y de exhibir lo ensayado proporciona sentimientos positivos en las personas, reforzando así la confianza en sí mismas y la autoestima. Se trata entonces de expresar más que sólo movimiento físico, y poner en contacto el cuerpo con la mente. También de vencer los obstáculos que determinada disciplina presenta, y sentirse satisfecho de haberlo logrado.

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Físico feliz

Algunas de las ventajas de practicar baile regularmente son:

-Tonifica la musculatura.
-Mejora y corrige la postura.
-Beneficia al sistema respiratorio y vascular.
-Disminuye los dolores articulares y las consecuencias de la osteoporosis.
-Diversos estudios, como el de la Fundación Parkinson de Cali, indican que es una buena manera de tratar el mal de Parkinson.
-Favorece la circulación, el drenaje de líquidos y toxinas.
-Disminuye los niveles de colesterol y combate el sobrepeso y la obesidad.

Diversión y ejercitación

De no saber bailar a hacerlo, hay un pequeño paso, muchas veces mediado por la timidez o el temor a lo desconocido. Si bien la clase es el lugar clave para  tomar lo mejor de la disciplina bajo la tutoría de un profesor, bailar es bailar, y eso puede hacerse en cualquier lugar y momento.

¿Por qué? Porque bailar es libertad, y es una gran manera de reducir los niveles de estrés. La música libera al cuerpo, que a su vez libera a la mente. Esto no sólo proporciona endorfinas (lo que se podría asemejar a la alegría), sino también que relaja y reduce las tensiones diarias.

Por eso, nada mejor que quitarte los zapatos al llegar a tu casa, prender la radio y, en soledad o compañía, mover poco a poco cada parte del cuerpo. Esto será un pasaje de ida a un momento de autoconocimiento, relajación, y por supuesto: diversión.

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